viernes, 23 de octubre de 2015

Mi Bendito Redentor

Mi Bendito Redentor



Hacia el Calvario, mi Salvador,
Una mañana triste subió;
Y amarga muerte, llena de horror,
Sobre una cruz él por mí sufrió.

¡Oh qué divino!
¡Oh qué precioso!
Miro su cuerpo sangrando por mí;
Y hoy canto alegre, vivo gozoso,
Desde ese día que en él creí.

"Padre, perdona, ten compasión,
Ellos no saben que hacen muy mal.
Mi vida entrego por salvación
Para que tengan paz celestial."

¡Oh qué divino!
¡Oh qué precioso!
Miro su cuerpo sangrando por mí;
Y hoy canto alegre, vivo gozoso,
Desde ese día que en él creí.

¡Oh cuánto le amo, mi Amigo fiel!
Servirle quiero y honrarle más.
Mi vida toda es sólo de él,
Gloria a su nombre siempre jamás

¡Oh qué divino!
¡Oh qué precioso!
Miro su cuerpo sangrando por mí;
Y hoy canto alegre, vivo gozoso,
Desde ese día que en él creí.
Letra: Avis Burgeson Christiansen

Segunda estrofa adaptada por Julio C. Benítez, Iglesia Bautista la Gracia de Dios, Medellín

Rey de mi vida

Rey de mi vida



Rey de mi vida tú eres hoy, en ti me gloriaré;
Es por tu cruz que salvo soy; no te olvidaré.

Después de tu Getsemaní, subiste a la cruz más cruel;
Todo sufriste tú por mí;
yo quiero serte fiel.

Mas vi la luz amanecer de la eternidad;
Te vi, Señor,
aparecer con inmortalidad.

Después de tu Getsemaní, subiste a la cruz más cruel;
Todo sufriste tú por mí;
yo quiero serte fiel.

Rey de mi vida,
Redentor, tu amor exaltaré;
Por mí moriste en la cruz;
siempre te adoraré.


Después de tu Getsemaní, subiste a la cruz más cruel;
Todo sufriste tú por mí;
yo quiero serte fiel.

Al Salvador Jesús

Al Salvador Jesús



Al Salvador Jesús canciones por doquier,
Con gratitud y puro amor entone todo ser;
A quien nos redimió en santa caridad,
Cristianos todos, con ardor su nombre celebrad.

A Cristo el Salvador,
Rey de la eternidad,
Tributa cantos de loor el coro celestial;
Con ellos a una voz, con júbilo sin par,
Las glorias de su inmenso amor, cristianos, entonad.

Las glorias declarad del Príncipe de paz;
Es su justicia salvación y su poder, bondad.
Es digno sólo él de gloria sin igual,
Pues con su sangre nos abrió el reino celestial.


Rey de la vida es él, del mundo el vencedor,
Quien a la muerte despojó de todo su terror;
En el poder vivid de su resurrección;
Glorioso el día llegará de plena redención.

Cristo Su preciosa sangre

Cristo Su preciosa sangre



Cristo su preciosa sangre en la cruz la dio;
Por nosotros pecadores la vertió

Con su sangre tan preciosa hizo redención;
Y por eso Dios te brinda el perdón.

Es la sangre tan preciosa del buen Salvador,
La que quita los pecados y el temor.


Sin la sangre es imposible que haya remisión;
Por las obras no se alcanza salvación

jueves, 22 de octubre de 2015

Cabeza ensangrentada, Oh Rostro ensangrentado

Cabeza ensangrentada



Cabeza ensangrentada,
Cubierta de sudor,
De espinas coronada,
Y llena de dolor:
¡Oh celestial cabeza,
Tan maltratada aquí,
Tu sin igual belleza
Es gloria para mí!

Cubrió tu noble frente
La palidez mortal,
Cual velo transparente
De tu sufrir señal.
Cerróse aquella boca,
La lengua enmudeció:
La fría muerte toca
Al que la vida dio.


Señor, lo que has llevado,
Yo solo merecí;
La culpa que has pagado
Al juez, yo la debí.
Mas, mírame; confío
En tu cruz y pasión.
Otórgame, Bien mío,
La gracia del perdón.

Contemplando tu amor

Contemplando tu amor



Contemplando tu amor, tu tristeza, tu dolor,
Tu constancia en la oración, en vencer la tentación:
Sólo en ti vencer podré.
Salvador, ayúdame.

Por tu gran fidelidad a la eterna voluntad,
Por la sangre y el sudor de tu noche de dolor:
Sólo en ti vencer podré.
Salvador, ayúdame.

Por tu muerte, ¡oh Jesús! en la vergonzosa cruz,
Y por tu resurrección, y gloriosa ascensión:
Sólo en ti vencer podré. Salvador, ayúdame

Por tu excelsa majestad, tu función sacerdotal,
Intercedes ante Dios, en el templo celestial
Solo en ti vencer podré. Salvador, ayúdame
Letra: Robert Grant, Tr. H. G. Jacson, primeras tres estrofas

Última estrofa: Julio C. Benítez, Iglesia Bautista la Gracia de Dios, Medellín

miércoles, 21 de octubre de 2015

Tierra de la Palestina

Tierra de la Palestina



Tierra de muchos privilegios fue la de Palestina,
Donde nació Jesús;
en sus caminos polvorientos anduvo nuestro Cristo,
el Verbo Redentor

Te alabamos bendito Cristo,
porque viniste a derramar,
La sangre, preciosa sangre,
que nos redime y rescata del mal;
La sangre, preciosa sangre,
Del unigénito Hijo de Dios.

Cuenta la historia del pasado
que en tus montes y valles habló el Salvador,
anunciando el Evangelio,
que Dios reconciliaba consigo al pecador

Te alabamos bendito Cristo,
porque viniste a derramar,
La sangre, preciosa sangre,
que nos redime y rescata del mal;
La sangre, preciosa sangre,
Del unigénito Hijo de Dios.

Muchos fueron los que escucharon
en tus calles angostas la voz de Emmanuel;
vieron su amor manifestado,
sanando a los enfermos, dando liberación.

Te alabamos bendito Cristo,
porque viniste a derramar,
La sangre, preciosa sangre,
que nos redime y rescata del mal;
La sangre, preciosa sangre,
Del unigénito Hijo de Dios.
Letra:  Adaptada por Julio C. Benítez, Iglesia Bautista la Gracia de Dios, Medellín